Animados por los dos últimos viajes que hemos hecho fuera de España a través de Agencia de Viajes, propusimos en esta ocasión Rumanía, país desconocido para la mayoría de nosotros y conseguimos formar un grupo de 28 amigos con quienes compartir 8 días. Creo que, excepto algún detalle, todo salió razonablemente bien.
El día 16 de junio, fecha de la salida hacia Bucarest y llenos de ilusión llegamos y nos sorprendió muy positivamente esta ciudad por sus grandes avenidas arboladas (hay gran cantidad de árboles por todas partes), sus preciosos edificios, algunos bastante deteriorados (Rumanía forma parte de la UE desde el 1 de enero de 2007 y los fondos europeos están ayudando a mejorar sus infraestructuras) y sus parques y jardines. Ya en esta primera toma de contacto nos dimos cuenta, al menos quien escribe esta nota, de que teníamos una idea equivocada de este país.
Hemos visitado palacios como el de Cotroceni, residencia oficial del presidente de Rumania, el castillo de Peles en Sinaia, que mandó construir el rey de Rumanía Carol I como residencia de verano de la familia real, convertido actualmente en un museo maravilloso. Nos alojamos durante dos noches en la ciudad de Brasov situada al sureste de la región histórica de Transilvania, cuyos ciudadanos participaron en la revolución rumana de 1989 por lo que le fué otorgado el título de ciudad-mártir. Es una ciudad preciosa, con un centro histórico lleno de encanto y que cuenta con varias estaciones de esquí al estar situada en los montes Cárpatos. Visitamos el castillo de Bran, más conocido como el “castillo de Drácula”, construido en 1378 en la cima de un risco y su leyenda está unida con la imagen de Vlad Tepes, la figura que inspiró el personaje de Bran Stoker. Brasov es también conocida como la Salzburgo rumana.
Continuamos nuestro viaje (1.321 kms. en autobús) para comenzar la visita a los monasterios de la región de Bucovina, al norte y cercana a la frontera con Ukrania. Hemos atravesado los Cárpatos (varias veces), por el desfiladero de Bicaz con una naturaleza espléndida, el Lacu Rosu, un lago precioso (aquí probamos un dulce típico de la zona llamado kürtòskalaks), unos bosques increíbles y unos pueblos bien cuidados (al menos lo que se veía desde el autobús), las casas muy bien mantenidas y con una arquitectura homogénea. Todo muy limpio y unos jardines de envidia por la variedad de plantas y flores. Hemos visitado varios monasterios ortodoxos en los que habitan monjas: Agapia, Voronet, Moldovita y Sucevita, bellamente decorados con pinturas tanto en el exterior como en el interior como se puede ver en las fotos. Una maravilla! También visitamos alguno más moderno gobernado igualmente por monjas. El viaje continuó a la ciudad medieval de Sighisoara construida entre los siglos XIV y XVII y luego hacia Sibiu, ciudad también medieval que fue capital de la cultura europea en 2007 fundada por colonos alemanes en el siglo XII. El viaje terminó en Bucarest con una visita al museo de la Aldea, con construcciones típicas de madera al aire libre en un parque, que narran la historia de Rumanía.
Hemos probado platos típicos cuyo nombre lamentablemente no recuerdo porque además el rumano resulta difícil de entender y comido en una casa particular que resultó muy simpático con toda la familia atendiéndonos. Una sorpresa!
Ha sido un viaje precioso que no olvidaremos. El grupo no ha podido ser mejor: puntuales, buen ambiente entre todos y salvo unos pequeños incidentes de salud afortunadamente leves, todo transcurrió sin problemas. Algunos ya preguntando que a dónde será el siguiente viaje.
Muchas gracias a todas las amigas y amigos que han compartido estos estupendos días y deseo un buen verano a todos, asistentes y ausentes!!




